YUI SAKAMOTO

OBRA WORK

Dos Iglesias
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
120 x 120 cms
2015

Ira
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
165 x 100 cms
2015

La Caída de Ícaro
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
170 x 90 cms
2015

El Contrato del Perro y la Muerte
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
80 x 60 cms
2016

Pájaro Colgado
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
75 x 54 cms
2015

Perro de Circo
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
45 x 35 cms
2015



El Atractivo de la Muerte
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
100 x 100 cms
2015

Memento Mori
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
60 x 50 cms
2015

Muerte y Vino
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
33 x 63 cms
2015

Tanque de Mosca
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
35 x 40 cms
2015

Sin título
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
25 x 31 cms
2015

Ángel de San Miguel
Óleo sobre Tela
Oil on Canvas
100 x 165 cms
2016


YUI SAKAMOTO SURREALISMO CON ICONOGRAFÍA MEXICANA

POR MARGARET FAILONI

En un tiempo en el que todo se ha globalizado, no nos debería de sorprender que un joven artista japonés cree pulsantes visiones surreales de melancolía y condena aunadas a una sensual iconografía mexicana. Pero al igual que en las festividades del Día de los Muertos, la condena se vuelve aquí más bien una emocionante y gloriosa bacanal con demonios bailarines haciendo de la melancolía algo muy atractivo ciertamente.

Yui llegó a Monterrey, Nuevo León cuando apenas era un adolescente; su padre había sido facultado para enseñar japonés en una escuela de Monterrey. Después de unos pocos años, su familia regresó a Japón y Yui permaneció en México para estudiar arte. No mucho después Yui impartía ya clases de arte en una importante escuela de Aguascalientes. La decisión había sido tomada; el artista había sido mágicamente capturado por México, su cultura y sus tradiciones, y se mudaría entonces a San Miguel de Allende para continuar en su búsqueda por rendirle homenaje a una tierra que era magia pura para él.

Al mismo tiempo, el joven artista estudiaba y admiraba el mundo entero del movimiento surrealista del siglo XX, con una preferencia particular por la obra de Salvador Dalí; no es sorprendente encontrar algunas vagas o sutiles referencias a Dalí en toda su obra. Haciendo uso de la meticulosidad y precisión de los métodos de la pintura japonesa, el artista crea exitosamente técnicas exquisitas de pintura incorporadas a una emocionante visión de las tradiciones folclóricas y artísticas de México; las leyendas de las calaveras bailando y desplazándose fuera del plano de representación, las Catrinas, las iguanas y los jaguares, las frutas tropicales, todas yuxtapuestas para contar historias de amor y matrimonio, de la muerte y el más allá, de la flora y la fauna, casi una serenata pictórica para Gea, la diosa de la tierra.

Muchas tradiciones actuales se inmiscuyen también en sus lienzos, como es el caso del Dios Caído, una figura de juventud broncínea con los códigos nativos de los indios y sus imágenes tatuadas sobre su cuerpo, un huevo Dalilesco destruido en vez de cabeza, o la figura de la madre/diosa que flota en la pálida luz de luna como en una posición de yoga; el oeste llega a oriente. En una pintura grande vemos una comida siendo consumida por un caimán y un pavo (una sofisticada referencia a la ave nativa de las Américas, ahora ubicua en todo el mundo) en un altar del día de los muertos que también muestra a una tortuga haciendo libaciones (animal también nativo de México) y un xoloitzcuintle (el perro oriundo de México tan respetado por la cultura temprana azteca y cuya presencia se puede atestiguar en tantas figuras de terracota esparcidas por muchos museos de México); detrás en el fondo, una muerte alegre les canta serenata al grupo en tanto que otra, ésta no tan alegre, se sienta al centro de la mesa, esperando a que le sirvan…

Definitivamente esta no es el tipo de pintura folclórica que usualmente sigue siendo producida en muchas provincias del país. Pero entonces, ¿qué puede ser? Lo que aquí tenemos es a un muy dotado y sofisticado artista rindiéndole homenaje al patrimonio cultural de un país que ha adoptado y que tanto ama, pero al mismo tiempo inyectándole una visión surreal de lo que hace que el mundo de Yui dé vueltas. Uno puede pasarse horas estudiando estas pinturas para encontrar en ellas figuras e interpretaciones muy sutilmente veladas. Y que pertinente que esta exhibición se presente durante las festividades del día de los muertos. Audaz, emocionante, mágica, tan sólo algunas de las expresiones que esta exhibición evoca.

 

YUI SAKAMOTO SURREALISM WIT MEXICAN ICONOGRAPHY

BY MARGARET FAILONI

In an era where everything has gone global, we should not be surprised that a gifted young Japanese artist creates pulsatingly surreal visions of gloom and doom married to a sensuous Mexican iconography. But like the Mexican day of the dead festivities, the doom becomes more excitingly glorious bacchanal with dancing devils making gloom appear very attractive indeed.

Yui arrives in Monterrey, Nuevo Leon when barely a teenager; his father has been licensed to teach Japanese in a Monterrey school. After a few short years, the family returns to Japan leaving Yui in Mexico to study art. It is not long before he is teaching in an important art school in Aguascalientes. The decision has been made; he is magically captured by Mexico, it’s culture, it’s traditions and is settling in San Miguel de Allende to continue in his quest of paying pictorial homage to a land which is pure magic to him.

At the same time, the young artists studies and admires the entire world of the 20th century surrealist movement with a particular preference to Salvador Dáli; it is not surprising to find some vague and/or feint reference to Dáli in all his paintings. Using the precision and meticulousness of methods of Japanese painting, the artist successfully creates exquisite painting techniques with the exciting vision of Mexican folk art traditions; the legends of the skull figures dancing off the picture plane, the Katrinas, the iguanas and the jaguars, the tropical fruits, all juxtaposed to tell stories of love and marriage, of death and the after world, of the flora and fauna of the land, almost a pictorial serenade to Gea, the earth goddess.

Many present-day customs are also sneaked into the pictures such as the falling God, a bronze hued youth with the native Indian codes and images tattooed on to his body, the Dali-like shattered egg in place of his head, or the mother/goddess figure in the pale moon light floating in a yoga like position; east meets west. In one large painting we see a meal being consumed by an alligator and a native turkey (a sophisticated reference to the native bird of the Americas, now so ubiquitous in the entire world) on a day-of-the-dead altar with libation also being enjoyed by a turtle (also native to Mexico) and a Cholosquincles (hairless) dog, the native dog beloved by the early Aztec civilization and whose terracotta presence is to be found in many Mexican museums); far in the background, a jolly death is serenading the group while a less joyful one sits in the center of the table, waiting to be served…

This is most definitely not your usual folk art painting still being produced in many of the Mexican provinces. But then, how could it be? Here is a highly skilled and sophisticated artist paying homage to the cultural heritage of a country he has adopted and loves but at the same time injecting a surreal vision of what makes his world go round. One can spend hours studying these paintings to discover many subtlety hidden subjects and interpretations. And how apropos that this exhibition be presented during the day of the dead festivities. Bold, exciting, magical, just a few of the expressions this exhibition evokes.